YES, WE CAN
Rafael Nadal Selección Española
Rafael Nadal Selección Española
La alegría que viví en el día de ayer con la victoria de España en la Eurocopa fue un acontecimiento especialmente emocionante y era algo que venía esperando, yo y casi toda España, desde hacía demasiado tiempo. La gran calidad con la que se jugó durante todo el torneo pero sobre todo en las rondas finales hizo además que la victoria fuera muy merecida, cosa que muchas veces no ocurre. El inexpugnable "San Iker", el soberbio torneo de Puyol y de Senna, el magnífico liderazgo de Xavi, la fantasía de Iniesta, Fábregas y Silva, el olfato de Villa y el partidazo de Torres en la final fueron muestras más que suficientes de que somos una grandísima nación de fútbol y de que estamos teniendo una muy talentosa generación de jugadores. Luis Aragonés supo encontrar la esencia perfecta, y la combinación de un imaginativo y virtuoso mediocampo con una delantera resolutiva e inspirada se convirtió en un cóctel explosivo que resultó letal para los demás equipos.
Por fin tendremos lejos por un tiempo a esa legión de pesimistas que siempre vaticinan que no podemos ganar nada, a esos cenizos en potencia que creen que saben mucho de fútbol y que al final tienen tantas posibilidades de ser redactores en el Marca como de ser videntes. Uno de esos momentos que siempre llevamos encima los españoles como una losa es la eliminación por parte de Italia, con mucha suerte, en el mundial estadounidense, hace catorce años. Me impactó tanto aquella experiencia agridulce y condicionó tanto mi relación con la Selección, que me veo obligado a rememorarla brevemente.
Corría el año 1994 cuando España llegaba de nuevo a los cuartos de final de un Mundial o una Eurocopa, en este caso el Mundial de Estados Unidos. La última vez que habíamos estado entre las ocho mejores naciones había sido en el Mundial de México de 1986.
Ese encuentro que nos enfrentó, pues, a Italia, en Boston, hace ya casi tres lustros, fue vivido con gran tensión y emoción por toda España. Para mi fue una cita muy especial porque, con trece años, era la primera vez que podía presenciar como telespectador la actuación de mi país en una gran competición de fútbol. No fallaba a la cita y me despertaba siempre sin falta de madrugada para ver a los nuestros y disfrutar de la brillante presentación de Matias Prats, todo ello amenizado por "Gloryland", el tema que daba entrada al programa. Dos años antes, en la Eurocopa de Suecia, no nos habíamos ni clasificado para la fase final.
Es en Suiza, lugar donde nací y pase mi adolescencia, que yo residía por aquel entonces. En España, la situación socio-político-económica de 1994 ofrecía, desde mi punto de vista, numerosos paralelismos con la que vivimos actualmente. Ahora como antes los gobiernos socialistas de Felipe González y de Rodríguez Zapatero se encuentran sumidos en unas crisis de carácter económico y jurídico de difícil solución. Ahora como antes se destruye empleo y las familias sufren para llegar a fin de mes. Ahora como antes la democracia se tambalea por momentos y la izquierda insiste sobre su presunta superioridad moral y rescata el fantasma del franquismo aprovechándose de los profundos complejos del centro-derecha. Ahora como antes la oposición al gobierno acaba de perder unas elecciones que aspiraba a ganar. Ahora como antes los líderes de la derecha, José María Aznar y Mariano Rajoy, acumulan dos derrotas consecutivas en su camino hacia la Moncloa. Ahora como antes la dictadura mediática del grupo Prisa hace de España un país en el que la regeneración política es harto complicada y en el que el único horizonte es el de unos gobernantes cuyo fin último es el de perpetuarse en el poder. Finalmente, ahora como antes los éxitos deportivos son utilizados por el poder y son aprovechados por el pueblo llano para olvidarse del desastroso rumbo que sigue el país y para cerciorarse de que la bandera española puede ondear en todo el territorio como en cualquier nación del mundo sin temer a nacionalismos y demás antipatriotas.
Los Induráin, Bruguera, Arantxa, Conchita Martínez o "Chema" Olazábal de 1994 son los Nadal, Alonso, Gasol, Pedrosa o Contador de ahora. Bien es cierto que, ese mismo año, yo venía de una gran desilusión al ver como mi equipo de siempre, el Deportivo de La Coruña, se veía cruelmente privado de su primer título de Liga debido a aquél ya mítico penalti que no se pudo transformar poco antes del final del último partido de Liga. La historia, afortunadamente, nos devolvería lo que se nos había "quitado".
A ese partido de Italia llegaba yo con ganas de revancha por la final de la Copa de Europa que había perdido el Barça ante el Milán siete semanas antes, el 18 de mayo en Atenas. El Milán había arrasado 4-0 a los blaugrana y, teniendo en cuenta la rivalidad futbolística entre españoles e italianos, eso eran palabras mayores para mí en esos años.
España, hasta esos cuartos, había tenido una trayectoria casi impecable en el mundial americano. Jugaban bien, con una defensa ordenada, unos laterales rápidos como lo eran Ferrer y Sergi y un mediocampo donde Caminero y Luis Enrique hacían de estrellas ofensivas y tenían gol. Además podíamos contar con Guardiola y Bakero para tareas más defensivas y de enlace. Arriba, los experimentados Salinas y Goicoechea esperaban cualquier ocasión para rematar la faena. La figura para mí era Fernando Hierro, que solía jugar justo por delante de los centrales, el gran patrón de la Selección en la década de los 90. Los puntos débiles creo que radicaban en una cierta lentitud de la zaga y en el portero, que reconozco que nunca me ofreció ningún tipo de seguridad con la Selección, sino más bien pánico y terror. Lo mejor es que teníamos gol y a los demás les costaba hacernos uno, salvo en los pésimos cinco últimos minutos del primer partido contra Corea del Sur en el que nos empataron a dos. A Alemania, que venía de jugar la final de la Eurocopa en Suecia y de ganar el Mundial de Italia, le jugamos de tú a tú y logramos otro empate, muy merecido. Frente a Bolivia, y luego Suiza en octavos, pudimos mostrar nuestro arsenal atacante anotando seis goles.
Pero ese 9 de julio Javier Clemente y sus pupilos tenían la ocasión de hacer algo importante y meterse por segunda vez en semifinales de un mundial tras el cuarto puesto logrado en 1950 en Brasil con el legendario Zarra. Italia estaba haciendo un Mundial mediocre en el que la figura de Roberto Baggio destacaba más que nadie. El primer gol lo metió Italia con un gran disparo, todo hay que decirlo, de Dino Baggio a media distancia. Pero España atacaba una y otra vez hasta que Caminero logró el empate y su tercer gol en la competición, en la segunda parte. A partir de ahí España mereció mucho más el triunfo. Un triunfo que hubiese probablemente llegado si Salinas hubiese sabido qué hacer con el balón a cinco minutos del final delante del portero. España era valiente y atacaba, desafiando a la siempre ultradefensiva Italia. El drama llegó con un balón para Roberto Baggio, a dos minutos del final, que regateó a Zubizarreta y remató a puerta haciendo que el esférico se colara en la portería española por escasos centímetros. Era terrible, era injusto, pero así es el fútbol. Lo que no es fútbol es lo que sucedió en el segundo minuto del descuento. Del drama se pasó a la tragedia, pues, cuando, en un centro al área que pretendía rematar Luis Enrique, el italiano Tassotti le propinó un salvaje y brutal codazo al asturiano fracturándole la nariz. La imagen de Luis Enrique llorando con la cara ensangrentada y protestando sin éxito ante el árbitro húngaro Sandor Puhl fue repetida una y otra vez en televisión. En TVE claro, no en la RAI. De lo que debió ser penalti y expulsión clarísimos, se pasó al pitido final y a la alegría italiana y la de un tal Tassotti, al que más le valía veranear lejos del Levante y de la Costa del Sol durante los próximos cincuenta años.
Ese día me di cuenta de lo difícil que era ganar un torneo de estas características, de todas las condiciones que tienen que darse para que ello ocurra y de la importancia de la historia, del palmarés y lo fundamental que es tener títulos con el fin de ayudar a presionar psicológicamente al rival. Y si además el árbitro no considera que las agresiones con resultado de fractura son faltas, la dificultad es ya suprema.
Hubo posteriormente otros mundiales y Eurocopas en los que a muchos se nos volvieron a saltar algunas lágrimas de rabia y de impotencia. En las Eurocopas de 1996 y de 2000, tras venir jugando de menos a más fuimos de nuevo eliminados en cuartos de final, en los penaltis contra Inglaterra, y contra Francia después de que Raúl fallara un penalti en los últimos instantes. Tanto en el Mundial de 1998 como en la Eurocopa de 2004 no llegamos ni a esos cuartos ya que fuimos eliminados en la primera fase. Hace dos años, con un equipo muy parecido al actual pero con mucho menos rodaje, hicimos una muy buena primera fase pero nos estrellamos en octavos ante Francia y ante la seguridad de que íbamos a derrotarlos con el pretexto que casi no pasan de primera ronda donde el grupo era muy débil. Y la eliminación que más me recuerda la de Italia en Estados Unidos, aunque con menos épica, es la del Mundial 2002 de Corea y Japón. El árbitro egipcio nos anuló un gol a todas luces legal que nos obligó a acudir a la lotería de los penaltis.
Yo creo que la gran victoria en esta Eurocopa de Austria y Suiza es por encima de todo la de tres de sus protagonistas. Para empezar Luis Aragonés. El Sabio de Hortaleza supo hacer frente a un sin fin de ataques y vilezas contra su persona durante los últimos meses. Él es el que tenía razón y lo demostró con su planteamiento estratégico y con los cambios que realizó. Yo fui de los que siempre confié en él. Tengo que darle de hecho yo también la razón ya que me parecía injusto que no llevase a Raúl y a Guti a la Eurocopa, siendo a la hora de la verdad estos totalmente prescindibles y resultando acertadísima y valiente la incorporación de Santi Cazorla.
Fernando Torres se merece también una mención especial por lo criticado que siempre fue en la Liga española y en la Selección. Sus condiciones de ariete se adaptan mucho mejor a los espacios que ofrece la Premier League inglesa y fue allí, durante la pasada temporada, que dió ese salto de calidad que tanto se esperaba. A mí me puede gustar más el juego de otro tipo de delanteros, pero nunca se me ocurrió negar que es un grandísimo futbolista con unas grandes condiciones y con mucho gol. Y si bien es cierto que no había estado en su nivel hasta la final, no se puede castigar tanto a un jugador para luego ensalzarlo cuando nos saca las castañas del fuego como hacen muchos. Es por esa razón que me alegré con el golazo que metió en la final y que nos daba el título. Me alegré por lo que luchó en todos los partidos ya que metió goles, falló otros claros, recibió muchas faltas, dió asistencias de gol, remató al palo y en definitiva será recordado por su gran final y por ese gol que brinda a España su segundo gran torneo de selecciones. Sin duda, el "Niño" se ha hecho mayor.
Pero el gran artífice, aunque reconozco que otros elementos fueron también muy destacados, es Iker Casillas. Tan solo la super estrella del conjunto sueco Ibrahimovic junto a una de las revelaciones del torneo y uno de los hombres fuertes de Rusia, Pavlyuchenko, fueron capaces de meterle un gol a Casillas, y las dos veces a escasísimos metros de la portería. De cinco partidos que jugó el de Móstoles, más una prórroga contra Italia, solo encajó esos dos goles, lo que resulta prodigioso a ese nivel. Pero su actuación estelar nos la ofreció en el partido que marcó un punto de inflexión en la Eurocopa y en la historia y trayectoria de la Selección en los dos grandes torneos. No solo era la rivalidad con Italia y el peso de la historia en nuestros enfrentamientos con los Transalpinos, era también su propia lucha contra Gianluigi Buffon. En ese sentido, el hecho de llegar a los penaltis fue apoteósico y no apto para cardíacos. Nos metió en semifinales gracias a estar muy inspirado parando dos lanzamientos en la tanda de penaltis pero también gracias a esa tremenda parada que realiza con el pie en el minuto 60 de partido, tras un remate de Camoranesi. Tal vez la mejor intervención de toda la competición. Por fin eliminábamos a Italia, en los penaltis, dándoles de su propia medicina, y, sobre todo, pasábamos los temidos cuartos. Me alegro también mucho por Luis Enrique, la historia se lo debía.
Iker Casillas es el talento y la humildad hechas hombre, siendo su gran virtud la de ser, según dicen todos, mejor persona que portero. Lo que es mucho decir.
En fin, este grandísimo y contundente triunfo fue celebrado por toda España y por medio mundo: desde el centro de Bilbao hasta Ceuta, desde Ermua hasta Santa Cruz de Tenerife, desde la barcelonesa fuente de Canaletas hasta Melilla, desde Santiago de Compostela hasta la Línea de la Concepción, desde Ginebra hasta Nueva York... Nunca había escuchado gritar la palabra "España" con tantos acentos a lo largo y ancho de nuestra geografía. Olvidémonos por unas horas, pero solo por unas horas, de la política y de los enfrentamientos lingüísticos.
Y como dijo el catalán Xavi (elegido con mucho criterio mejor jugador de esta Eurocopa) en la madrileña plaza de Colón: "...este equipo se merecía este título, porque hemos hecho piña, porque hay un entrenador cojonudo, por todo el staff técnico, por toda la gente que nos rodea, por todo, nos lo merecemos, venga, ¡Viva España!"
He decidido iniciar mi andadura en este blog en el día del 60 aniversario de la fundación del Estado de Israel. Pretendo de este modo seguir, y mejorar en lo posible, la línea de mi antiguo blog (http://ushuaia_bay.blogia.com/). Mi principal deseo es, amén de felicitar a Israel, rendir tributo a la figura de Arno Klarsfeld. Arno David Emmanuel Klarsfeld es un abogado franco-israelí nacido el veintisiete de agosto de 1965 en el distrito XVI de París. Es hijo de Serge Klarsfeld, abogado, escritor e historiador judío nacido en Bucarest el diecisiete de septiembre de 1935, y de Beate Klarsfeld, militante alemana de la memoria de la Shoah nacida el trece de febrero de 1939 en Berlín. Me interesé por su trayectoria tras verlo participar en múltiples tertulias, debates y entrevistas de la televisión francesa, lo que me incitó a leer alguno de sus libros. Pero es uno de ellos, el libro-entrevista ISRAËL TRANSIT, el que terminó de revelarme lo valiente, ejemplar y fascinante que fue y es la vida de Arno David. Trataré de sintetizar a continuación las numerosas luchas en las que participó el autor, que abandonó sus despachos de Nueva York y París para enrolarse en la arriesgadísima policía de fronteras israelí (Magav), dando cuenta de su visión del conflicto palestino(-árabe)-israelí junto a mi propio análisis en referencia a Israel y al Mundo Árabe. El trabajo, las investigaciones y las increibles hazañas realizadas por Arno y sus padres no dejan a nadie indiferente y se merecen con creces los honores con los que fueron justamente retribuidos por parte de las democracias occidentales en nombre de los Derechos humanos y de la propia dignidad humana. Serge Klarsfeld, padre de Arno, se convirtió en ciudadano israelí por decreto ministerial, lo que es una medida excepcional. El padre de Serge, Arno, abuelo de Arno David, había sido asesinado en Auschwitz en la Segunda Guerra Mundial. El propio Serge consiguió escaparse de la Gestapo en Niza en 1943. Fue voluntario durante la Guerra de los Seis Días, en junio de 1967. Junto a su mujer Beate, formó la pareja de perseguidores de responsables del nazismo, conocidos como "cazanazis", más comprometida en buscar, capturar y enjuiciar a nazis a partir de mediados de los años sesenta, y ello desde los gélidos barrios de las ciudades del este de Europa hasta Sudamérica y Oriente Medio. Tuvieron para lograrlo que enfrentarse a dictaduras, sobrevivir a atentados y presionar a la clase política alemana como en 1980, cuando consiguieron que los principales mandos nazis responsables de la deportación de los judíos de Francia fueran juzgados y condenados en Colonia. Al principio fue muy difícil y pocos eran, inexplicablemente, los que estaban dispuestos a colaborar en su muy noble empresa. En 1973, Serge llegó hasta el punto de esperar a la salida de su domicilio a Kurt Lischka, antiguo jefe de la Gestapo en París, apuntándolo con un revolver sobre la frente. Era la demonstración de que si no era llevado a juicio, podía ser matado. El nueve de julio de 1979 sufrieron un atentado perpetrado por la red nazi Odessa del que salieron ilesos. Ese mismo año Serge se dirigió a Irán para protestar contra la ejecución de judíos libaneses. También en 1979, la Asociación de hijos e hijas de deportados judíos de Francia (FFDJF) vió la luz de la mano del matrimonio Klarsfeld. En 1981, la asociación inauguró en Israel el Memorial de la deportación de los judíos de Francia, un amplio monumento que lleva el nombre, la fecha y el lugar de nacimiento de las ochenta mil víctimas francesas de la exterminación. Alrededor, ochenta mil árboles forman un Bosque del recuerdo. El matrimonio Klarsfeld consiguió, entre otras cosas, que Jacques Chirac reconociera la responsabilidad de Francia acerca de la suerte de los judíos durante la Segunda Guerra Mundial y logró un decreto que instituye una medida de compensación para los huérfanos cuyos padres fueron víctimas de persecuciones antisemitas. Serge Klarsfeld es también vicepresidente de la Fundación para la Memoria de la Shoah. El caso de Beate Klarsfeld es aún más virtuoso si cabe. Podemos resumir la vida y el compromiso de la madre de Arno diciendo que fue propuesta dos veces para el premio Nobel de la paz por el conjunto de la Knéset, el parlamento israelí, teniendo en cuenta que es alemana, que no es judía y que sus padres le votaron probablemente a Hitler. Ella no se sintió culpable en cuanto al crimen perpetrado en contra de los judíos por la Alemania de sus padres, pero decidió actuar con responsabilidad. Para la Historia quedarán las condenas de numerosos nazis y responsables del régimen de Vichy y el minucioso trabajo de identificación de niños y en general de judíos de Francia que fueron deportados a los campos de concentración. Arno Klarsfeld supo continuar la labor de sus progenitores y heredó de ellos su tenacidad y sabiduría con el fin de que crímenes como los de la Alemania nazi no vuelvan a quedar impunes. La imagen externa de Arno es la de un adolescente tardío, un playboy provocador, casi siempre despeinado y que en las tertulias habla y se mueve con una lentitud que no refleja su verdadera personalidad. Llegó incluso a dirigirse al juicio de Maurice Papon, colaborador durante el régimen de Vichy, en el que Arno David representaba a la Asociación de hijos e hijas de deportados judíos de Francia, en patines. Es además un enamorado de los animales, con preferencia por los gatos, que cita a menudo. Afirma de hecho no profesar ninguna religión al negarse estas a considerar que los animales tienen alma. Es un gran aficionado de maratón y de triatlón. Sus rasgos indolentes esconden no obstante una gran profesionalidad. La realidad de Arno es la siguiente. Se siente israelí, estadounidense y francés y habla perfectamente el inglés, el francés, el alemán, el hebreo y el ruso. Hizo un máster de Derecho internacional en la New York University y es abogado internacional. Se convirtió en uno de los abogados franceses más jóvenes y es el único, hasta la fecha, que aprobó los exámenes y que está inscrito en los colegios (barreau en francés) de París, Nueva York y California. Reconoce haber apenas estudiado salvo tal vez para lograr la admisión el el colegio neoyorquino, donde está orgulloso de haber sido el nº1, por delante de los americanos. Abandonó su despacho de Nueva York para integrar el de su padre y hermana.Yo personalmente, nunca vi a nadie en una tertulia o debate argumentar con tanta brillantez y precisión, y rara vez con tanta documentación. Dotado de una inteligencia poco común, muestra un enorme respeto y conocimiento por las cuestiones religiosas, por ejemplo, a pesar de declararse ateo. Salió a la luz mediática a la edad de veinte años, cuando en un mítin del ultraderechista Frente Nacional saltó al escenario y le llamó racista a Le Pen a la cara ante cinco mil de los seguidores de este último. El hecho de llevar también en su camiseta la inscripción "Le Pen=Nazi" facilitó la tremenda paliza que sufrió a continuación el valiente Arno. En 1988, aprovechando una visita del Papa a Viena, apareció ataviado con el uniforme nazi del entonces presidente austríaco Waldheim. Fue por ello condenado a diez días de cárcel. Durante la Primera Guerra del Golfo, había intentado entrar en Irak escondido debajo de un camión para interceder en favor de los rehenes retenidos por Saddam Husein a modo de escudos humanos. Fue expulsado de Jordania por su intervención en favor de los soldados egipcios, que estaban amontonados, en plena canícula, en el puesto fronterizo con Irak. En Rostock, Alemania, había sido encarcelado en 1997 por haberse manifestado en contra de la expulsión de cincuenta mil gitanos de Alemania a Rumanía. Arno Klarsfeld adquirió la nacionalidad israelí gracias a la ley de retorno, para la que se necesita tener uno de los abuelos judíos por lo menos, es decir, un cuarto de sangre judía. Deseando ser protagonista de lo que pasaba en Israel desde dentro, cultivando la ambición de convertirse en actor de la Historia del pueblo judío, se enroló por lo tanto en los Magav, la policía de fronteras israelí, y fue destinado a las puertas de Belén, en Cisjordania. Sus treinta y siete años de edad, casi diez más de los permitidos, no fueron un obstáculo para integrar el ejército de Israel gracias a los contactos de su padre, como el propio Arno reconoce. Convivió en su aventura con jóvenes judíos, druzos, beduinos pero también musulmanes. Todos tienen la obligación de realizar un servicio militar de tres años de duración. Para las mujeres, la ley de 1959 establece que las que tengan entre dieciocho y veintiséis años deben cumplir un año y nueve meses de servicio, quedando exentas del mismo las madres, las casadas y las religiosas. Su comandante afirmó que Arno era el que mejor disparaba dentro de su unidad. Paliaba su entonces aproximativo hebreo con una gran precisión en el tiro, lo que le permitía cubrir las posiciones de sus compañeros con gran seguridad. Un buen ojo director, una respiración controlada y una total relajación muscular fueron sus mejores aliados. Los Magav, una sección de la Policía de Israel, constituyen uno de los más peligrosos -sino el que más- cuerpos de Tsáhal (el ejército de Israel). Muchos son, y no pocas veces interesadamente, los que menosprecian o desconocen las dificultades que tienen que sobrepasar y el valor del que tienen que hacer gala los militares que vigilan los check-points. En los pueblos, los terroristas actúan como una mafia. Son grupos de jóvenes financiados y armados que apatrullan la ciudad haciendo reinar el terror, extorsionando a los comerciantes y amenazando y matando a los que se oponen a ello. En Belén, la gran mayoría huyó de la amenaza de las organizaciones terroristas, y no por culpa de Israel. Los secuestros, una de las grandes armas de presión del terrorismo, son otro de los grandes dramas del conflicto. Como dice un libro de Hamás: "Los secuestros agotan al enemigo, actúan sobre la moral de los sionistas. Hay que secuestrar al rehén, dominarlo, ejecutarlo y depositar su cuerpo en un lugar preciso para futuras negociaciones." Otro de los aspectos que no valoran suficientemente los europeos es la contínua utilización de niños por parte de los grupos terroristas. En una ocasión, un jóven de catorce años, disminuido psíquico, fue hallado a lo largo de un check-point con un cinturón de explosivos. Les contestó a los que lo interrogaron que le habían pagado el equivalente de diez euros para introducir el cinturón en territorio israelí. Poco después, el hecho se repitió con un niño de diez años; y esta vez el "salario" era de algo más de un euro. Los envían también de noche para "probar" los sistemas de defensa de la barrera de seguridad, mal llamada "muro". Solo es muro en el 3% de su longitud, por lo que no se puede definir como tal. La barrera ayudó notablemente a hacer disminuir los atentados. De cada diez atentados que se intentan llevar a cabo, se produce uno desde la edificación de la barrera de seguridad. Es una evidencia que causa perjuicios a muchos palestinos, pero sin estas medidas de seguridad, la situación sería aún mucho más dramática para Israel. Y en lo que se refiere a los que comparan esta barrera con el Muro de Berlín, está más que demostrado que la diferencia es abismal. Es más bien todo lo contrario que lo que hicieron los soviéticos. El Muro de Berlín era un muro definitivo y su objetivo era el de impedir que los alemanes del este huyeran de la RDA. La barrera de seguridad es solo una medida temporal que pretende evitar atentados suicidas tan sangrientos como los ciento veinte atentados perpetrados durante los últimos siete años. Hasta el comienzo de la ola de atentados, Israel no tenía previsto colocar ni barrera ni check-points. Históricamente, casi siempre se presentaron las atrocidades de las dictaduras árabes, que son todas, como algo casi anecdótico. Al término de la Primera Guerra del Golfo, Arafat habiendo apoyado a Saddam Husein, varios cientos de miles de palestinos fueron expulsados de Kuwait de la noche a la mañana. Egipto utilizó armas químicas contra los yemeníes. Las masacres entre cristianos y musulmanes en el Líbano son innumerables. En Sudán, fue perpetrado un genocidio por parte de los islamistas en contra de las minorías cristianas y animistas. En Teherán, se ahorcan homosexuales. En El Cairo, se encarcelan amontonándolos en diminutas celdas (se sigue por cierto esperando la protesta al respecto de Zerolo y del lobby gay, visiblemente enmudecidos ante estos hechos pero sobre todo cegados por una cristianofobia que les impide condenar los crímenes islamistas). En Arabia Saudí, una mujer adúltera puede ser condenada a la lapidación, se les corta las manos a los ladrones y los judíos tienen prohibida la entrada en el país. Cuando las fuerzas armadas sirias se enfrentan a una revuelta fundamentalista, como ocurrió en la ciudad siria de Hama, son masacradas indistintamente entre diez mil y veinte mil personas. Cuando el rey Husein de Jordania se siente amenazado por las fuerzas palestinas instaladas en los campos de concentración jordanos, son masacrados varios miles de palestinos, mientras que un gran número de ellos atraviesa a nado el río Jordán para ir a refugiarse a casa del "enemigo sionista". Los israelíes no son muy tiernos, pero mirando a Oriente Medio no hay comparación posible. Con la documentación en mano y un mínimo de objetividad, es incluso delirante buscar un nexo de unión entre Israel y el Mundo Árabe, entre la única democracia de la zona y unas suertes de teocracias medievales en las que el pueblo carece de libertad y las mujeres, en concreto, son consideradas como seres inferiores. No se puede comparar a un pueblo moderno e ilustrado, a pesar de estar en guerra, y que se defiende de agresiones diarias, con crueles dictaduras que utilizan y pervierten a su pueblo y a su religión para sumar analfabetos y aterrorizar el mundo libre. Mucha gente joven en España y en todo el mundo acostumbra a llevar puesta, a modo de bufanda, la famosa "palestina". La mayoría se la pone actualmente por razones meramente estéticas, pero fue tradicionalmente un elemento de identificación con la causa palestina y sobre todo con la lucha de su célebre líder Yasser Arafat. Hoy en día abunda una visión totalmente navideña sobre este terrorista. Arafat tiene en su siniestro curriculum el ataque a escuelas y a los Juegos Olímpicos, dos de los símbolos más sagrados de la democracia y de la libertad. Nunca firmó la paz a pesar de haber tenido la oportunidad. Llevó el pueblo palestino a la desgracia y murió rico en el extranjero. Sus primeros atentados, en las paradas de autobús de Cisjordania, apuntaban a la población palestina que iba trabajar a Israel. En 1968, un año después de la Guerra de los Seis Días, quinientos civiles murieron a manos de los comandos de Arafat. Merece ser recordado como lo que fue: un asesino que solo ofreció a los suyos odio, corrupción y sangrientas represalias. Israel es uno de los poquísimos países que no responden a la barbarie con la barbarie. Alguno se preguntará cuál es la diferencia entre un bombardeo sobre Gaza, que elimina a un jefe terrorista matando a civiles inocentes, y los atentados ciegos de los kamikazes en Israel. Si comparamos el resultado hay pocas o ninguna, ya que hay niños que mueren en cada lado. Pero, ¿es lo mismo querer eliminar al mayor número de civiles posible, e intentar eliminar a los que organizan esas masacres en Israel? ¿Cuál es esa lógica que elimina la intención del acto? Uno de los grandes desastres que Europa no entiende, o no quiere entender, es el de los kamikazes. Klarsfeld nos aporta aquí ejemplos de los testimonios de varios protagonistas de esos atentados felizmente frustrados. En uno de ellos, una mujer con estudios y políglota pretendía "liberar" a toda Palestina de los judíos. Otro era un chaval que fue entrevistado por la CNN pero que se opuso a la presencia de cámaras por miedo a que su madre lo viera fumando. Otro más contó que había tenido que posponer su atentado suicida porque tenía un examen en la universidad el mismo día. Los que estuvieron en contacto con kamikazes dicen que la mayoría no tiene aspecto de fanático. Son simplemente víctimas del odio que les inculcan, y de las mentiras que les obligan a creerse en nombre del Islam, un Islam fabricado por unos clérigos y ayatolás que tienen la responsabilidad de convertir a Dios en el diablo. El lavado de cerebro es completo y de ahí salen los tres odios que se ven reflejados a menudo, aunque no tan salvajemente, en nuestras sociedades: el odio a Israel, el odio a Occidente y el odio a los Estados Unidos de América. Hay que añadir a todo ello que la Autoridad Palestina les pagaba a las familias de los kamikazes, amén de las decenas de miles de dólares que percibían por parte de Sadam Husein. Europa no quiere ver la importancia que tiene la propaganda antisemita y antioccidental en las dictaduras árabes. Es parte del mecanismo del islamofascismo, como bien apunta el filósofo y escritor francés Bernard-Henri Lévy. Para los europeos, la causa de los atentados es la desesperación. Sin embargo, ¡la desesperación de los judíos tras la Shoah nunca les llevó a cometer ni un sólo acto violento hacia la población civil alemana! En 1920, después de la Primera Guerra Mundial, los alemanes eran descritos como asesinos de niños en los manuales franceses. Desde entonces, las cosas evolucionaron considerablemente, por lo que siempre hay una esperanza. La situación en la que se encuentra el pueblo palestino es dolorosa y la ocupación dispara los rencores, pero los palestinos sufren muchísimo más de la corrupción de sus dirigentes que de la opresión israelí. Otros pueblos son víctimas de opresiones más trágicas, de miserias más espantosas, sin por ello elegir el atentado suicida como modo de lucha y los kamikazes asesinos de mujeres y niños como figuras emblemáticas. Arno Klarsfeld considera con mucho criterio que el once de marzo de 2004 fue una fecha siniestra para la democracia, como obviamente lo fue para todas las víctimas. Ese día ocurrió un hecho sin precedentes en la Historia. Un pequeño grupo de hombres, aún sin identificar de hecho, consiguió desestabilizar y amedentrar a un país entero. El terrorismo logró una victoria situando a los políticos que deseaba a la cabeza del gobierno español. Como dice Klarsfeld: "El país del Cid y de Don Quijote eligió a un Sancho socialista que hizo huir a las primeras de cambio las tropas españolas de Irak." Klarsfeld opina como yo que tenemos que extender las ventajas de la democracia al conjunto del planeta. Y si el uso de la fuerza es a veces necesario, hay que ser contundentes y actuar sin ambigüedades. Hay que deshacerse de las dictaduras porque nunca se dió una guerra entre democracias. En la actualidad, y sobre todo desde el once de septiembre de 2001, las democracias deben ser fuertes y actuar unidas ante un nuevo totalitarismo: el fundamentalismo islámico. España es un blanco perfecto para las redes terroristas árabes por su situación geográfica, debilidad institucional y gubernamental y ante todo por la Reconquista, que nunca nos perdonaron ni perdonarán. Lo que no perdonan por encima de todo es la democracia y la libertad, es por eso que hay que apostar por naciones y pueblos libres, sin temer lo que piensen o hagan unos locos que algún día saldrán del s.XV. Sobre Irak, que es un tema que traté en el artículo "Compromiso con la libertad" de mi antiguo blog, voy a transcribir íntegramente la tribuna libre que el autor escribió en Le Monde el once de febrero de 2003, un mes antes de la intervención americana, y que incluye en ISRAËL TRANSIT. "Estoy a favor de la guerra contra Irak porque me enseñaron en el instituto que si Francia se hubiese erigido para impedir que Hitler remilitarizase Renania en 1936, no hubiera probablemente habido una Segunda Guerra Mundial. Estoy a favor de la guerra contra Irak porque también me enseñaron que Edouard Daladier, al regresar de Munich, donde había humillado a Francia firmando esa paz que sacrificaba a Checoslovaquia y viendo como le aclamaba la turba parisina, había dejado caer en la oreja del secretario general del Quai d'Orsay (sede del ministerio de Exteriores francés): "¡Qué tontos!" Estoy a favor de la guerra contra Irak porque si Saddam Husein obtuviese el arma atómica que busca con tanto ahínco, la enviaría inmediatamente sobre Tel Aviv para destruir el estado de Israel y se la entregaría a los terroristas para hacerla estallar en Nueva York. Estoy a favor de la guerra contra Irak porque el interés vital de las democracias es de imponer la democracia en el Mundo Árabe por la fuerza, como los Aliados consiguieron hacerlo en Alemania y en Japón. Estoy a favor de la guerra contra Irak porque la paz entre israelíes y palestinos solo podrá nacer de una victoria total contra el terrorismo y del inicio de la democratización del Mundo Árabe. Estoy a favor de la guerra contra Irak porque las dictaduras agresivas y expansionistas como la de Sadam Husein resuelven sus conflictos externos como los internos: con violencia. Entre ellas y las democracias no puede haber un real entendimiento. Estoy a favor de la guerra contra Irak porque el deber de Francia debería ser cerrar filas detrás de una nación que le permitió ganar la Primera Guerra Mundial, no convertirse en nazi, estar del lado de los vencedores al final de la Segunda Guerra Mundial y no ser engullida por el imperialismo soviético. Estoy a favor de la guerra contra Irak en nombre de los Derechos Humanos, porque Saddam Husein es el verdugo de su pueblo y del pueblo kurdo y porque instaló un terror policial tan eficaz que un derrocamiento popular o un golpe de Estado parecen imposibles salvo en el caso de una situación excepcional como lo es la guerra." Estuve yo también, por supuesto, a favor de la intervención aliada en Irak y a favor de cualquier ataque preventivo aliado contra cualquier dictadura. Ataque preventivo como el que tuvo que realizar Israel en la guerra de los Seis Días ante el riesgo de ser lisa y llanamente borrada del mapa. Actualmente más de trescientos mil cadáveres, ejecutados en tiempos de Saddam Husein, fueron exhumados de los osarios descubiertos en Irak por el ejército americano. Hubo elecciones en Afganistán, en Irak y en los territorios palestinos. El rey Abdalá de Jordania declaró que no se puede gobernar el Mundo Árabe de manera despótica. En Egipto, hay oponentes que se atreven a erigirse contra Hosni Mubarak. Tal vez la muralla que aún protege los dictadores árabes vaya a desplomarse como se desplomó el muro del comunismo ante los imparables deseos de libertad. La democratización del Mundo Árabe es una verdadera necesidad. Suscribo lo que dice el autor cuando afirma que esa región del mundo se merece a líderes que se preocupen por sus pueblos antes que de la grandeza del Islam, del panarabismo o de sus cuentas bancarias. Es en la miseria, explican en Europa, que el fundamentalismo extrae su fuerza, su legitimidad y su vivero de fanáticos. Es falso, o al menos no es la razón principal, porque siendo así Arabia Saudí y los emiratos del Golfo serían democracias sin fundamentalistas ya que su renta per cápita es comparable a la de los países de Europa occidental. Es en realidad gracias a la opresión y a la propaganda que el fundamentalismo puede desarrollarse y crecer. El Mundo Árabe, cuyos dirigentes son clérigos y autócratas, se niegan a aceptar la globalización, portadora de valores democráticos, de libertad, de derechos de las mujeres y de búsqueda de felicidad individual. El líder de Hezbolá resumió el problema de la manera siguiente: "No vamos a vender nuestra ética a cambio de microondas, pornografía y telenovelas." A pesar de todo, Arno Klarsfeld es optimista sobre la situación, y hay motivos para ello. Los judíos que entraban en las cámaras de gas a principios de los años cuarenta no podían imaginarse que más de cinco millones de judíos llegarían a vivir juntos en su propio estado. Israel logró integrar a judíos de más de cien países y que hablan más de ochenta idiomas. Israel es un centro mundial para las tecnologías de punta, la medicina, la educación o la música. En 2005, fue un israelí el que recibió el premio Nobel de química. Su agricultura es de las más desarrolladas del mundo. Su ejército es de los más eficaces y, a pesar de las guerras, a pesar del terrorismo, la sociedad siguió siendo democrática. Los que escucharon emocionados la lectura de la declaración de independencia aquel catorce de mayo de 1948 por parte de David Ben-Gurión, no podían tener la certeza que 60 años más tarde el país seguiría existiendo con tanta fuerza. Desde Einstein a Spielberg y pasando por Freud y los kibutzim son evidentes los ejemplos que demuestran el trabajo y la inteligencia que muchos judíos pusieron al servicio de los avances del s.XX. El primer judío, en definitiva, vivió en los tiempos de las pirámides y del papiro, y está aún presente en la era de los rascacielos y de Internet. Me decidí a escribir este artículo para homenajear a mi manera al autor y a los Klarsfeld en general por su ingente labor, pero también porque hacía tiempo que quería expresar mi opinión sobre un conflicto donde lo políticamente correcto es más infumable que nunca. Defender la democracia y criticar las dictaduras árabes es una osadía que muy pocos políticos, historiadores y demás periodistas pueden permitirse. Hay una serie de verdades históricas que no se dicen en los telediarios -como el de TVE, donde tratan a Israel prácticamente como nazis- ni en la gran mayoría de la prensa, que es rehén de la izquierda. El rumbo de la política exterior del actual ejecutivo sólo puede ser calificado de miserable y de grotesco. O sea, Cuba y Venezuela. La izquierda española es ya casi totalmente analfabeta y/o sectaria, salvo dos o tres despistados como UPyD o gente como Pilar Rahola (que solo se salva con Cuba e Israel, lo que ya es mucho), y la derecha sigue remando, salvo honrosas excepciones del tipo Jiménez Losantos o César Vidal, en su mar de complejos estúpidos. Los titulares que sacan sobre todo lo que toca a Israel, por ejemplo, en un periódico tan prestigioso y con tanto impacto como El País son sencillamente infectos. Pero son ante todo mentira. Mentira es por ejemplo decir que los dirigentes palestinos quisieron la paz. Tuvieron la posibilidad de obtener un estado en 1937, y en 1948, pero el problema siempre vino de su lado. Camp David también fue un fracaso por culpa de Yasser Arafat. Cuando Israel ponía sobre la mesa todas las condiciones para la creación de un estado palestino, incluidas las indemnizaciones, Arafat se sacaba de la chistera el derecho de retorno para los palestinos a Israel. Un derecho inviable porque los israelíes no pueden permitirse el lujo de ser minoría en su país. El problema de Arafat es que no quería reconocerle a Israel su derecho a existir y tenía, a la vez, que seguir fomentando el terrorismo para las próximas generaciones. En cuanto a Cisjordania y Gaza, anexionadas por Israel a partir de 1967, nadie decía nada cuando Jordania ocupaba Cisjordania de 1948 a 1967 y cuando Egipto ocupaba Gaza en ese mismo período. La Comunidad internacional permaneció callada durante esos años. No deja de ser curioso y revelador. Tras 1967, Israel propuso devolver los territorios ocupados, y restablecer por lo tanto las fronteras, a cambio de la paz. Pero el uno de septiembre de ese mismo año, los jefes de Estado árabes reunidos en Jartum, Sudán, proclamaron la política de los "tres no": no a la paz con Israel, no al reconocimiento del Estado de Israel y no a toda negociación con Israel. El objetivo no era un Estado palestino, sino la destrucción de Israel. La ayuda económica que Israel envía a los palestinos sería impensable en sentido contrario. El enfrentamiento que tuvo Ariel Sharon con muchos colonos judíos sobre la restitución de territorios sería también impensable en el lado palestino. Israel es el solar histórico del pueblo judío, por el que por cierto pagaron sumas colosales de dinero a los palestinos allí presentes en 1948, y nunca habían renunciado a él en tantos siglos. ¿O acaso España renunció a Córdoba y Sevilla y al reino de Granada durante casi mil años? Los territorios ocupados, al margen de reivindicaciones bíblicas, están según mi opinión totalmente justificados por las guerras que sufrió Israel y por seguridad, pero, al igual que la barrera de seguridad, no podían ni pueden ser definitivos. El proceso de restitución de esos territorios, en este caso la franja de Gaza primero y el de Judea y Samaria -Cisjordania-, de cara a obtener la paz es un acierto y un acto de responsabilidad por parte del partido Kadima de Ariel Sharon y de todos los que se comprometieron a dar ese paso. Más complicada parece la situación de los Altos del Golán, cuyo estatus depende de las tensas negociaciones entre Israel y Siria, aunque esa región fue históricamente más israelí, el doble de tiempo, que siria. El caso de Jerusalén Este es el más complejo y a la vez el más fascinante por ser desde un punto de vista religioso, simbólico e histórico fundamental para las tres grandes religiones monoteístas. Yo pienso que por ser el corazón del Mundo Judío (no olvidemos que allí se encuentra el Templo de Jerusalén, que es el principal lugar santo del judaísmo y cuya entrada está por cierto prohibida para los judíos) sería justo que fuese israelí, permitiendo la presencia de cada feligrés en sus lugares santos. Los judíos establecieron el reino de Jerusalén, que duró más de mil años. Y a pesar de las intoxicaciones que se vierten, nunca dejó de haber judíos en Jerusalén, tanto a lo largo de toda la era romana como en la época de las cruzadas (en que muchos de ellos fueron masacrados), tras las cuales volvieron en masa a partir del año 1187. Nunca además perdieron su esencia y especificidad judías. No obstante, y pensando en una paz verdadera, supongo que deberán compartir su administración con el futuro estado palestino. Quiero recordar que, a pesar del diferente nivel de vida entre Jerusalén Oeste y Jerusalén Este, que nos sirven constantemente en los telediarios, nadie habla de los riesgos que toman las ambulancias israelíes, por ejemplo, cuando tienen que ir escoltadas (Arno Klarsfeld y su unidad tuvieron muchas experiencias de ese tipo) por el ejército para ir a buscar un enfermo árabe y llevarlo a un hospital de la zona oeste. Muchas de esas ambulancias tienen que circular a gran velocidad para evitar los disparos y el impacto de piedras y demás proyectiles. Mi deseo, como el de muchos supongo, es que Palestina tenga también su Estado no sin antes renunciar al terrorismo. Quiero confiar en la reconversión durante estos años del actual presidente de la Autoridad Palestina Abu Mazén, Mahmud Abbas, para lograr ese objetivo y la paz definitiva. Los judíos fueron siempre perseguidos, a mi juicio, por haber acumulado desde hace muchísimas generaciones esa costumbre de razonar y de considerar problemas complejos como los planteados en el Talmud, lo que rápidamente les permitió alcanzar el techo de la pirámide social en numerosos ámbitos. Fueron perseguidos por ser libres, por expresarse y contribuir a modificar la sociedad occidental rompiendo tabúes, por desarrollar la iniciativa privada, por ampliar la esfera del comercio y del intercambio, por cambiar el mundo rural por un mundo industrializado y por luchar contra las injusticias sociales y las desigualdades. De cada cien musulmanes, en el mundo, hay un judío, de cada cien cristianos, sigue habiendo uno. Hay que tener en cuenta que el Judaísmo tuvo una influencia capital de cara al nacimiento de las dos religiones, sin existir aquí la conversión universal o el proselitismo. Todo ello provoca un hondo rencor y una insana envidia y no es, a mi entender, un factor irrelevante del antisemitismo o, para ser más exacto, de la judeofobia. Termino con una referencia del escritor argentino Marcelo Birmajer, del que tuve el placer de escuchar hace poco una conferencia, que resume bien la locura del antisemitismo. Tras el Holocausto, un dirigente nazi llegó a decir que nunca los nazis les perdonarían a los judíos lo que les habían obligado a hacer con ellos. Ahora los nazis ya no tienen mucho poder en Europa, afortunadamente, pero en Oriente Medio, están a la cabeza de naciones como Irán o Siria. ¡Feliz 60 cumpleaños, Israel!
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